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Paises donde estamos

El Salvador

Reseña Histórica

Las Hermanas Franciscanas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, con sede en Costa Rica, sintiendo la necesidad de hacer realidad el sueño de la Madre Berta Acuña Ruiz, fundadora de la congregación, cual fue el de trabajar con los más necesitados y a petición de Monseñor Eduardo Alas Alfaro, se dieron la tarea de fundar  un Hogar para Adultos Mayores en estado de  indigencia en el departamento de Chalatenango, El Salvador.

Así, en el año 1997, las primeras tres hermanas (Sor Lucia Jiménez Acuña, Hna. María Molina López y Hna. Mercedes Huertas Durán) llegaron desde Costa Rica y se instalaron momentáneamente en la parroquia Cristo Rey del Paraíso, Chalatenango, en tanto se recaudaban los fondos necesarios para la construcción del Hogar, en una manzana de  terreno donado por los esposos Rolando Alex Guardado y Clelia de Jesús Escobar, y una que se les compro a ellos mismos, en Metayate, la Reina. Mientras esto se realizaba, se inició el proyecto, con mucho entusiasmo en la parroquia Cristo Rey del Paraíso, en un salón que fue restaurado, dando alberge permanente a seis Adultos Mayores indigentes y dando servicio de comedor a los adultos que acudían diariamente de la comunidad.



Después de mucho esfuerzo se logra finalizar la construcción del Hogar en Metayate, La Reina  Chalatenango, inaugurándose el día 19 de marzo del año 2000 coincidiendo con la celebración de San José, por esto lleva su mismo nombre.

Hoy el Hogar tiene capacidad para la atención de 20 Adultos Mayores, los cuales han sido abandonados por sus familias y la sociedad, estos Adultos Mayores se han encontrado indigentes en las calles y otros dejados en los hospitales, en la mayoría de los casos en situaciones inhumanas. Nuestro Hogar les brinda atención directa como: alberge, alimentación, aseo personal, recreación, asistencia médica y espiritual; importante recalcar que tanto el personal que labora en el Hogar como las religiosas han sido debidamente capacitadas para dar la asistencia correcta a los residentes; además, el hecho de que exista una carencia de políticas claras que permitan a los Adultos Mayores vivir dignamente los últimos días de su vida, nos ha llevado a cubrir la necesidad de ayudar a otros Adultos Mayores de las comunidades aledañas que carecen igualmente de atención.

Todo lo anterior no fuese posible realizarlo si no es por la ayuda y misericordia que diariamente recibimos de Dios y de todas las personas que con su generosa colaboración nos permiten atender en la medida de las posibilidades pero ante todo con dignidad a nuestros queridos Adultos Mayores, esto por cuanto el costo promedio de la atención y manutención de cada Adulto Mayor es de $200 (doscientos dólares) mensuales, aparte que nuestro Hogar no recibe subvención Estatal de ningún tipo, por eso a sabiendas de la limitación de recursos que son insuficientes para la óptima atención a los Adultos Mayores y además de que la infraestructura del Hogar requiere urgentemente de mantenimiento y mejoras es que nos vemos en la necesidad de solicitar todo tipo de colaboración.